Standstill

Concierto en el Teatro-Circo Price de Madrid, el viernes 8 de octubre de 2010.

Standstill

Fotografía promocional del espectáculo "Room" (David Ruano)

Y el primer “post” (a falta de una palabra en castellano; y no: no vale “entrada”; “artículo” quizá) va dedicado al concierto al que fui este viernes: el de los siempre impresionantes “Standstill”. Los barceloneses, a medio camino entre “Godspeed You! Black Emperor” (o, más bien, sus sucesores “A Silver Mt. Zion”) y una melancolía un tanto ñoña (tipo “Francisco Nixon”) pero emocionante y, sobre todo, muy estilizada, rozaron una perfección lírica que puso la carne de gallina a un público, por otro lado, entregado de antemano. “Adelante Bonaparte” (2009), con los tres EPs que lo componen es, probablemente, uno de los discos más logrados de los últimos años. Disco conceptual que repasa, a modo de un “The Wall” sin fatalismo, la vida de ese personaje, B., que es un trasunto de cualquiera. Y, a pesar de lo que pudiera parecer, no cae en lo pretencioso. Ese jugar, tanto en la música como en sus letras, con los sentimientos más básicos; unido a un aire nostágico, de (y me voy a poner cursi e imaginativo) añoranza de un pasado idealizado, que no es el tuyo, pero que te gustaría que lo hubiese sido para echarlo de menos con tintes cinematográficos.

Melodías contundentes, con dos baterías y un bajo a todo volumen (y en ascenso), que contrastan con la delicadeza de una voz y unas guitarras que, juntas, logran transmitir una sensación de “estoy airado y deprimido; llevo una tristeza y un cabreo por dentro que no los quieras tú ver; pero me los aguanto muy dignamente; ¡así de estoico que es uno!”, que hicieron las delicias de un público que se siente a la vez deseoso de algo lírico, melancólico, estilizado, con un fuerte toque “arty”, pero a la vez con muy mala leche hirviéndole dentro. Que no van a un concierto de “folk” porque se dormirían. Y “Standstill” saben canalizar ambas facetas a la perfección: “la vida es una mierda: ¡qué poético!” y “soy demasiado refinado para meterte dos hostias; ¡pero no me tientes…!”. Esa es la genialidad de “Standstill”. Ni pecan de blandos, ni pretenden que la sala se venga abajo. Son estilosos, pero sin abrumar; dotándose de cierta naturalidad. Música que te hace estar triste, pero de buen rollo; sin apatía. Más bien al contrario. Incluso con momentos de eufória.

Simplificando mucho, podría decirse que “Standstill” vende melancolía “gafapastera”, pero con la presencia imponente del rock sinfónico (ahora da nuevo en alza) y una puesta en escena emparentada con coetáneos extranjeros como “Sigur Rós”, “Arcade Fire”, “Explosions in the Sky” o “Fanfarlo”, a la que estos chavales no tienen nada que envidiar. Letras bonitas (con el justo matiz onírico-dadaísta), una voz delicada (un carismático Enric Montefusco que, a pesar de no mostrar su mejor registro, cumplió con creces y supo meterse al público en el bolsillo entre tema y tema), unas percusiones contundentes, en temas de corte culminante que, de tratarse de otra situación, habrían hecho al público ponerse en pie, y una puesta en escena, fiel a esa imagen estilizada que, a pesar de los numerosos (aunque comprensibles y perfectamente disculpables) fallos técnicos (esos constantes salvapantallas), impresionó a todos los presentes.

“Rooom” (que así se llama la obra) impactó y emocionó tanto como la interpretación del grupo, siendo un elemento imprescindible, y no un mero marco vistoso. Y, aunque lo visto tampoco sea algo nuevo, al menos, a un servidor le tuvo embobado todo el concierto, fascinado por unas imágenes hipnóticas, propias de un programa mal ubicado en la parrilla horaria de la televisión de los ochenta (seguro que sus creadores y los que tengan mi edad entenderán por qué digo esto. ¡Joder con los programadores de TVE de la época: han creado una generación de “modernos”! ). Críptico, a la vez que emocionante, con un momento superlativo al alternar las retroproyecciones con un magnífico contrapicado a contraluz (o casi) del cantante.

De todo ello un deseo (aparte de que adapten las butacas del Teatro-Circo Price para los que medimos metro ochenta; es muy incómodo asistir a algo tan perfecto con las piernas colgando de las orejas; le quita gracia): este concierto debería editarse en vídeo (¡pero ya!) para poder disfrutarlo tantas veces como fuese, no ya posible, sino necesario.

Standstill en el Teatro-Circo Price

Standstill en el Teatro-Circo Price (Madrid, 08/10/2010) (Foto de Hasier Larretxea, extraída de la web "Koult.es")

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