These New Puritans

Concierto en la sala Joy Eslava de Madrid, el sábado 13 de noviembre de 2010.

These New Puritans

En artículos anteriores rara vez me había encontrado con problemas a la hora describir el estilo musical de un determinado grupo o artista. Que si “post-rock”, que si “tecno-pop”, que si “doom-metal”…  Lo que todos: le pones un guión en medio y te quedas tan ancho. Si aún no se ha popularizado una categoría concreta donde encuadrarles, recurres a los socorridos compuestos: “rock progresivo flamencoide”; “metal sinfónico siniestro”, “tecno punk-rock”… Pero si, ahora mismo, alguien me pidiera que le describiese lo que hacen “These New Puritans”, me quedaría a cuadros. ¿Dónde lo catalogas? Ni siquiera puedes citar un grupo medianamente conocido para que sirva de referencia. ¡Que sí! Grupos minoritarios en una línea parecida hay catorcemil. Yo también atravesé la época en la que me daba por “cuanto más extraño, más me gusta”. Y prueba de ello son las estanterías que tengo llenas de discos a cada cual más extravagante. Como curiosidad, decir que nunca me he sentido tan estafado como cuando pagué por un disco de “Throbbing Gristle” de los setenta (“Final Muzak”, para ser exactos), en una tienda de excedentes. ¡Y lo dice un fanático del “noise”! Pero, admitámoslo, ninguno ha logrado la repercusión que, de un tiempo a esta parte, ha cosechado el grupo de Jack Barnett. Y es que, esa noche, estaban compitiendo nada menos con el que se dice que va a ser uno de los últimos conciertos de “Interpol” antes de su separación.

De cómo el grupo liderado por un chaval esmirriado del extrarradio de Londres, ex-compositor de música para fagot, ha logrado enganchar a legiones de seguidores, se podría hablar largo y tendido. ¿Puede ser por el rollo oscurete que les lleva a mezclar coros clásicos y secciones de viento con sintetizadores fantasmagóricos y ruidos de cuchillos y cadenas? Eso también lo hace “Dead Can Dance”. ¿Puede ser por esas dobles percusiones constantes que apabullan durante todo el tema, entre las cuales se cuelan tímidamente algunas notas de teclado? Eso también lo hace “Einstürzende Neubauten”. ¿O es por esas melodías discontinuas, con cortes abruptos e irrupciones sorprendentes, alternadas con sonidos extraños, que reconoces, pero no terminas de identificar?  También lo hacen “Unkle” o “Battles”. Es eso y mucho más. Es una actitud de grupo “punk” trasladado al siglo XIII (o al XIX, por el victoriano). Son letras sombrías e inquietantes, de las que te dejan un rato dándoles vueltas. Y, sobre todo, y aunque pueda parecer mentira, es una falta de actitud, de pose sobre el escenario; una falta de pretensiones estéticas, que hace que, asombrosamente, todo ello resulte natural. Como si tal cosa. O puede ser que muchos aún no hayamos superado la fase de “cuanto más raro, mejor”.

El concierto de este sábado en la sala “Joy Eslava” de Madrid era, de hecho, el lugar menos esperado para ver a un grupo de las características de “TNPS”. La fiesta de presentación de los “Levi’s Unfamous”, evento organizado por la casa de ropa vaquera estadounidense con la intención de dar a conocer nuevas bandas y, de paso, promocionar marca y diseños, no parecía el lugar más adecuado para los de “Souhtend-on-Sea”. Vale: ahora alguno me dirá que sí; que son la imagen de la última campaña de la marca. Y es verdad. Pero, aún así, choca encontrárselos en un evento de estas características. Y quizá sea, precisamente, por esa falta de pretensiones a la que aludía antes.

Abrió la noche “Niño Burbuja”, grupo de rock electrónico en la línea de otros “posteados” (¡yyyyy! ¡Me dan repeluznos de haber escrito ese palabro!) como “Mendetz” o “Dorian”. Pop sintético de percusiones contundentes y estribillos pegadizos, con unos acordes en su último tema que recordaban excesivamente al “Star Guitar” de los “Chemical Brothers”, pero sin que chirriase. No eran “Hot Chip”, pero no sonaban nada mal. Apenas veinte minutos de actuación y de nuevo el escenario vacío.

Subieron a remplazarles al cabo de unos minutos “Dirty Socks”. Émulos de los primeros “Artic Monkeys”, su sonido guitarrero y “neo-punk” (ya estamos otra vez con las etiquetas prefabricadas) contrastaba un poco con el aire, tirando más hacia lo electrónico, que parecía dominar esa noche. Pero, de nuevo, cumplieron con las expectativas de una banda novel que acaba de ganar un concurso de nuevos grupos. No llegó a la media hora y ya todo estaba listo para el plato fuerte de la noche.

These New Puritans (Joy Eslava, 13-11-2010)

Tras la pertinente preparación del escenario, salieron a la palestra dos intérpretes de fagot y, tras ellos, tres muchachos más bien espigados (Sophie Sleigh-Johnson, teclista habitual de la formación, abandonó el grupo recientemente), dispuestos a hacerse cargo del cotarro. Y… ¡patinazo! Lo que iba a ser un apoteósico comienzo con “We Want War” quedó frustrado por los numerosos problemas con el sonido que acompañarían al grupo durante toda su actuación. En primer lugar, el micrófono de Jack Barnett no funcionaba. El pobre no sabía si detener el tema y volver a empezar una vez que se hubiese resuelto el problema, o continuar sin que se le oyese, intentando estropear lo menos posible el inicio del concierto. Quizá esta segunda opción no fuese la más acertada, a juzgar por el “pipa” que tuvo que probar el micrófono ¡durante la actuación! Y que se pasó la mitad de los siete minutos largos que dura el tema recorriendo de un lado a otro el escenario (por otro lado, sin molestarse en intentar pasar desapercibido). Cuando, mediado el tema,  la cosa ya parecía más o menos encarrilada, Jack fue a echar mano de su teclado y ¡sorpresa!: tampoco se oía. Yo, en su lugar, y a pesar de que me considero una persona de pacífico carácter, le habría arrancado la cabeza de un bocado a los técnicos de sonido. Pero Barnett mantuvo la compostura y continuó con su interpretación como si nada de eso estuviera ocurriendo.

Lamentablemente, los problemas de sonido no se quedaron ahí y lastraron toda la interpretación de los “puritans”. Pero hay que decir, en descargo del “staff”, que no todo se debió a problemas técnicos. La ausencia de un teclista fijo se nota. ¡Y de qué manera! Thomas Hein intentó hacerse cargo simultáneamente de las percusiones electrónicas (a la batería, George Barnett, hermano gemelo de Jack, no pareció tener mayores complicaciones), los samplers y las segundas voces. Pero no daba abasto. Tener que estar a la vez ocupándose de las percusiones, cuando había que hacerse cargo también de los teclados, cantar o golpear cadenas (¡!) menguó con mucho la calidad del sonido. A lo que también contribuyó el escaso rendimiento vocal de Jack Barnett. Es un gran compositor y un gran multiinstrumentista… pero no le puedes pedir que, además, tenga una buena voz. Barnett pone empeño; “lo vive” sobre el escenario. Pero “natura non dat, Salmantica non praestat”.

Podría deducirse de todo lo anterior que salí defraudado del concierto. Pero no. “These New Puritans” es un grupo que destaca más por la visceralidad de sus interpretaciones que por su calidad técnica (que la tiene; aunque para este concierto se la dejase en casa). Si no exhibiesen esa vena airada; esa ira con un trasfondo inquietante (si la ira no lo es ya de por sí), toda la perfección interpretativa del mundo no serviría para nada. Es un grupo que, a pesar de sus numerosos fallos (debería emplear otra expresión; dicho así, suena más duro de lo que pretendía que fuese) logra llegar a un oyente que, además, comprende las limitaciones que un grupo así se encuentra en sus directos (no pueden llevarse, por poner un ejemplo, toda una sección de viento y un coro de niños, porque haría inviable el coste de la gira). Y es que, si su música ya era difícil de describir, es aún más difícil de interpretar ante el público. Pretensiones no les faltan. Y, prueba de ello, es el magnífico libro-disco que compré a la salida, incluyendo, no sólo las letras (y aprovecho para tildar el “sólo” adverbio mientras aún se pueda; yo creo que no me voy a adaptar a esto de la nueva ortografía), sino las partituras completas para una versión orquestal de su magnífico “Hidden”. Libro al que también le ponía ojitos (y lo digo porque era el único que les quedaba) José Luís Casado, director y presentador de “Nos Queda la Música”, programa gracias al cual muchos descubrimos a “TNPS”.

Como decía: por intención no será. Si acaso, les falta rodaje en los directos. Nada que no pueda solucionarse, porque soy de los que opina que “These New Puritans” es uno de esos grupos que va a marcar el devenir de la música en el futuro.

These New Puritans, aún cuarteto (Fotografía de Alasdair McLellan)

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