Michael Nyman

Concierto celebrado en el Teatro Compac de Madrid, el lunes 3 de enero de 2011.

Michael Nyman

Que este hombre hace lo que le viene en gana no es ninguna novedad. Que, por lo general, lo hace con una maestría admirable, tampoco. Y que el público que asiste a sus conciertos debe esperar cualquier cosa de estos, es un hecho innegable. Pero esta ocasión ha sido demasiado radical, hasta para mi gusto. Y lo ha sido para bien y para mal. Aunque uno no termine de estar seguro de hasta qué punto la responsabilidad de lo que “ocurrió” este lunes en el Teatro Compac de Madrid sea achacable al propio Nyman o a los promotores del evento.

Supongo que, a estas alturas, hablar de Nyman en términos como “el tipo que compuso la banda sonora de El Piano” no es sólo reduccionista: ¡es ridículo! Decir que es uno de los más reputados compositores de bandas sonoras para el cine; colaborador habitual de Peter Greenaway y Michael Winterbottom (sobre ello se podría escribir largo y tendido); uno de los compositores de música contemporánea más reputados; popularizador indiscutible del minimalismo junto a coetáneos como Philip Glass, Wim Mertens, Yann Tiersen o Arvo Pärt ya se acerca más a definirle. Que además es uno de los musicólogos más célebres, especialista en folclore balcánico, compositor de ópera de vanguardia y probablemente la personalidad de la música “clásica” que mayor público joven congrega, ya va dando pistas de que, como mínimo, nos encontramos ante un artista peculiar. Y como todo artista de pro que pudiera cuadrar en semejante descripción, bajo las formas clásicas de la música orquestal, oculta cierto divismo (nada disimulado), que disfraza de excentricidad. A veces resulta en genialidades, a veces en egomanía. Depende de como tenga el ánimo. Y ayer (por el lunes) tenía el día “raro”.

El estatus de Nyman le permite, a estas alturas, cosas como abarrotar el Teatro Compac de Madrid (que, contrariamente a su nombre, de pequeño no tiene nada), a pesar de que las entradas más baratas no bajen de los cuarenta euros (¡y en plenas fechas navideñas!). Le permite fotografiarse y firmar autógrafos entre una nube de fans, más propia de una estrella de rock, cada vez que tiene ocasión. Y, aunque parezca lo contrario, le gusta dejarse querer: media hora antes del concierto y hasta un par de minutos antes del inicio de su actuación no deja de repartir autógrafos, saludos, posados… a un público que le venera cuasireligiosamente. Algo que repetirá, como viene siendo costumbre, en el intermedio y a la salida.

Ahora bien: sobre el escenario, la cosa cambia. Nyman es un compositor e intérprete de la vieja escuela, y se nota hasta en las formas. Cuando hace algún tiempo fui a una actuación suya con una amiga, ésta me preguntó “qué ropa debía llevar”. Es gracioso: yo he ido a verle en cuatro ocasiones con vaqueros y zapatillas de deporte y ningún ujier me ha echado a empujones. ¡Será que no repararon en mí! Pero entiendo la pregunta. Máxime, porque la referencia de esta amiga, en cuanto a actuaciones de Nyman se refiere, era “9 Songs” (y lo digo sin ánimo despreciativo: estoy entre los partidarios de esa película; es más: yo mismo se la pasé). Las formas que gasta sobre el escenario son formas… ¡y lo demás son tonterías! Clásico y estricto hasta la médula, dirige a su “no tan pequeña” orquesta de cámara (una “Michael Nyman Band” en la que se aprecian algunos cambios de formación) como un sargento, sin olvidar que la “etiqueta” de sus actuaciones se lo permite.

Michael Nyman (Teatro Compac, 3 de enero de 2011). Fotografía de Claudio Álvarez para "El País"

Y tras los saludos pertinentes, comienza su actuación. Esta noche el programa anuncia que, durante la primera mitad, repasará algunos de sus temas más conocidos y, durante la segunda, presentará en sociedad la banda sonora que ha compuesto para el espectáculo circense “Dreams”, cuya estreno mundial es el motivo de este concierto. ¡Eso anuncia el programa!

Comienza con una primera mitad cuyo calificativo más apropiado sería “soporífera”. Está previsto que toque los temas principales de “Wonderland” (su banda sonora más apreciada junto a “El Piano” y, para mí, su trabajo más redondo). Pero, tras unos acordes iniciales de “Molly”, comienza a interpretar un pastiche con versiones ligeramente “arregladas”, que se parecen, pero ligeramente suenan, a los originales del film de Winterbottom. Interpreta luego fragmentos de la partitura de “Los Libros de Próspero”, de Greenaway, pero en un tono apagado y falto de originalidad, algo que se hace aún más palpable cuando ataca los temas de “Conspiración de Mujeres”, también del galés (deslucida interpretación de “Knowing The Ropes” en la que las cuerdas pudieron hacer bastante más), que sólo repunta en el mejor momento de la primera parte: su interpretación de “Wheelbarrow Walk”, en el que verdaderamente la MNB demuestra su talento (una “Michael Nyman Band” que, todo hay que decirlo, tampoco tuvo su mejor noche).

Pero la sorpresa (¡y qué sorpresa!) habría de llegar tras el intermedio. Nada más hacer acto de presencia sobre el escenario, Nyman arrojó sus partituras al suelo violentamente. Lo que se preveía iba a ser el estreno mundial de su “score” para “Dreams” (un espectáculo de acrobacias en la línea del “Circo del Sol”) resultó ser una nueva recopilación de sus temas más celebrados. Lo que en un primer momento achaqué a la conciencia por su parte de lo aburrida que había resultado la primera mitad (con espectadores dormitando, inclusive), lo atribuyo cada vez más a un engaño por parte de los promotores del espectáculo, que utilizaron como reclamo la presentación de esta partitura. Algo innecesario (he visto a Nyman llenar grandes pabellones sin necesidad de presentar nuevas obras) y que, en su caso, podría haber indignado al público (a fin de cuentas, se trata en puridad de una estafa). Pero, salvando contadas excepciones, no fue así. Fue esta parte la que reconcilió a los espectadores con el británico. Una segunda mitad en la que la formación y, sobre todo, el propio Nyman en solitario, mostraron la vitalidad y saber hacer que les había faltado en la primera parte.

Michael Nyman al piano

Comenzó con una vibrante interpretación “Chasing Sheep Is Best Left To Shepherds”, de “El Contrato del Dibujante”, que sorprendió a los presentes (básicamente por inesperada). Siguió una interpretación en solitario de “Debbie” (“Wonderland”) que emocionaría hasta a las piedras. Sin solución de continuidad, y con el foco centrado en él (literalmente), interpretó “The Heart Ask Pleasure First” (“El Piano”) sin dejar tiempo al público para desgañitarse aplaudiendo, algo que hizo al finalizar el tema central de la película de Campion. Ello, a pesar de algún que otro error al piano que no restó intensidad al momento más brillante y emotivo de la noche. Ya era oficial: con estafa o sin estafa, el público estaba más que satisfecho. A fin de cuentas, esto era lo que muchos de nosotros esperábamos escuchar.

La MNB retomó sus funciones (con alguna ligera metedura de pata de un violinista) interpretando nuevamente temas extraídos de las películas de Greenaway. “An Eye For An Optical Theory” (“El Contrato del Dibujante”), con unos metales que a mí siempre me han chirriado (permítaseme el chiste) en directo, dió paso a un repertorio más calmado. El problema es que, a estas alturas, y a pesar del magnífico interludio al comienzo de la segunda mitad, la primera parte había hecho mella en muchos de los asistentes (sin ir más lejos, la mujer que se encontraba a mi lado pasó de cabecear a dormir plácidamente; y no fue el único caso que vi).

A pesar de ello, Nyman y su orquesta bordaron una segunda hora de concierto que, si bien quedó lastrada por la decepcionante primera mitad, más incluso que por el particular cambio de programa, dejó a los asistentes (por otro lado, incondicionales confesos del británico) con buen sabor de boca. Originalidad, en cuanto a novedades, escasa: tan sólo un par de temas que no llegué a reconocer. Calidad, moderada: su interpretación de  los mismos, sin llegar a defraudar, ha conocido tiempos mejores. Emoción, toda: la que puso un público al que el mero hecho de ver y escuchar en directo algunas de las melodías más emotivas de las últimas décadas (y, para muchos de nosotros, cargadas de recuerdos y un profundo significado personal) ya le valía la pena.

Probablemente no sea ésta la mejor actuación que he presenciado del británico. Tampoco la peor. Y, desde luego, espero que no la última. Pero la sensación que me quedó no deja de ser ambivalente. Me incluyo entre los que se alegraron de sentirse estafados, si ello supone haber asistido a la brillante segunta mitad del concierto; pero también es verdad que (y dejando a un lado cuestiones personales, relacionadas con este concierto, en las que no voy a entrar), esperaba mucho más de él. Un repaso “resultón” a sus grandes éxitos, interpretado con profesionalidad y tablas, pero cuando lo que muchos de nosotros esperábamos era todo un acontecimiento.

The Michael Nyman Band

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2 respuestas a Michael Nyman

  1. Totalmente de acuerdo con tu crítica. Sigo alucinando por como ignoró lo que ponía en el folleto descriptivo del concierto, pero en el fondo me alegro.
    La primera media hora efectivamente fue aburrida, aunque Knowing the Ropes salva cualquier estropicio, aunque no haya sido su mejor interpretación.

    Pero desde que tiró las partituras, el concierto se volvió impresionante. Yo destacaría Wheelbarrow Walk, Time Lapse, Chasing Sheeps… y por supuesto sus dos solos de piano memorables.

    Espero, como tú, volver a poder disfrutar de su música en directo, aunque sea repetida.

    • La verdad es que, después de leer algún que otro comentario, me pregunto hasta qué punto no estaba todo previsto. Es difícil saberlo. Lo que no me creo es lo que decía algún responsable: que, en realidad, esa iba a ser la nueva banda sonora del espectáculo. De ser así, no quita para que la publicidad y el programa fuesen un engaño. Pero casi mejor.

      Coincido contigo: “Wheelbarrow Walk” fue uno de los mejores momentos, junto con su solo (lo mío con “Wonderland” es obsesivo; por eso me enfadó el popurrí desacompasado del principio). “Time Lapse” es un tema impresionante, pero siempre que se la he escuchado en directo me ha sonado un poco rara. Todo lo contrario de “Chasing Sheeps…”. La suele interpretar en todos sus conciertos, por lo general al principio, y siempre triunfa.

      Y, como decías, no es necesario que promocione nuevos trabajos para disfrutar de sus conciertos. Creo que, a los que nos gusta su música, no hace falta que nos “sorprendan” como el lunes (aunque sea para bien).

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