Mishima – Litoral

Concierto celebrado en la sala El Sol de Madrid, el jueves 13 de enero de 2011.

Mishima

Me enteré de que “Mishima” tocaban en Madrid (dos meses después de su concierto en el Teatro-Circo Price), por casualidad, cuarenta minutos antes de empezar. El tiempo justo para salir de casa y llegar a la Sala El Sol… cuando aún no había llegado nadie. Obviando el hecho de que la puntualidad británica nunca ha sido nuestro fuerte, lo cierto es que la sala no llegaría a llenarse en toda la noche.

Vale. Uno podría decir: “¿es que (y remarco el “es que”) quién va a querer ir a escuchar a dos bandas que cantan en catalán?” “¡Y pagando!” Pues yo soy de Madrid, y a mí “Mishima”, sin provocarme histera (es un chistecito para fans) es un grupo que me encanta. Y eso que a priori uno no sabría decir qué tienen de peculiar (más allá del hecho de haber cambiado el inglés por el catalán en sus últimos trabajos). A los de “Litoral” he de reconocer que no los conocía, y me sorprendió encontrarme en su formación a rostros conocidos de otras bandas del “indie” nacional.  Reconozcámoslo: la sala estaba medio vacía porque un concierto entre semana, que empieza pasadas las 23:30h de la noche, y del que no ha habido prácticamente promoción alguna, ha dejado a más de un seguidor (no a mí, por suerte) en su casa, sin saber que venían a tocar.

Litoral (Sala El Sol, 13-01-2011)

Empecemos por “Litoral”. Folk con reminiscencias de la “nova cançó”, actualizada en una línea, no tan “happy” como lo haría “Hola A Todo El Mundo”, pero que tampoco esconde sus referentes. Pop-folk con unas instrumentaciones variadas y muy trabajadas, con un arsenal de instrumentos que recoge desde ukeleles y xilófonos, hasta violines y violonchelos, para un sexteto (a veces, septeto), que arropa con melodías curiosas, pero ligeramente insustanciales, las voces de Iván Cuevas y la belga Guillaine (me hace gracia que todavía haya quien se sonroje sobre un escenario cuando le hacen una foto), cantando en catalán y, ocasionalmente, en francés.

Como no conocía a la formación, y su álbum aún no estaba disponible, me quedo sin saber cómo se titulaba esa preciosidad en francés que cantó Guillaine y que estremeció a toda la sala en medio de un silencio sepulcral. Tenía razón Iván al introducir el tema: no en que el francés sea una perversión del catalán, sino en que, al que no le emocionase esa canción, debería hacérselo mirar. Momento cumbre de su concierto.

Las muy emotivas “Una Dona que Dorm” y “A la Vora del Mar” supusieron los otros dos puntos álgidos de un repertorio resultón, que dejó buen sabor de boca, y al que hará falta echarle un nuevo vistazo cuando el disco esté ya disponible.

Mishima (Sala El Sol, 13-01-2011)

David Carabén (Sala El Sol, 13-01-2011)

Y salieron a escena, capitaneados por un David Carabén que parecía un vendaval sobre el escenario, los barceloneses “Mishima”. A nadie se le oculta que atraviesan por un período de gracia. Su último disco “Ordre i Aventura”, es probablemente su trabajo más redondo hasta la fecha, y viene a completar sendas joyitas como eran “Set Tota la Vida” y “Trucar a Casa. Recollir les Fotos. Pagar la Multa”. El paso del inglés al catalán les ha sentado tan bien como a sus colegas de “Love of Lesbian” o “Standstill” (más discutible es el caso de “Sidonie”) el cambio al castellano. Las canciones han ganado en profundidad, sin perder un ápice de las melodías rockeras, con aires de antaño, pero remozadas y con un un puntito singular, que les caracterizan. ¿”Post-rock”? ¿”Post-punk”? ¿?

Temas breves y vibrantes, directos al grano, dirigidos por la portentosa voz (y carismática personalidad) de Carabén, “Una Cara Bonica”, “Guspira, Estel o Carícia”, “Qui n’ha begut”… fueron desfilando a velocidad vertiginosa en un concierto que, por su ritmo frenético, parecería haber durado bastante menos de lo que lo hizo.

Cerraron con sendos éxitos asegurados “Tot Torna a Começar” y “Un Tros de Fang”, canción esta última que buena parte del público había venido reclamando desde hacía rato. No tardaron demasiado en salir de nuevo a la palestra para unos bises en los que dejaron caer “Ordre i Aventura” y confirmaron, en medio del carisma desbordande de un Carabén, que no dejó en ningún momento de animar al público e, incluso, invitarle a participar en los temas, que “Mishima” atraviesan una época de esplendor; que pueden sacar oro de terrenos que podrían parecer baldíos; y que, aunque sea con una sala no demasiado llena, pueden organizar una señora fiesta de esas que, aunque salgas a la calle a las tantas de la madrugada, lo haces con la sensación de “mereció la pena la carrera”.

Mishima

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