Joanna Newsom

Concierto celebrado en el Teatro Lara de Madrid, el jueves 27 de enero de 2011.

 

Joanna Newsom

 

Joanna Newsom es una de esas “rara avis” de la música pop (si es que se la puede encuadrar dentro de tal género) que, de cuando en cuando, generan una oleada de interés, rayano en la devoción, por parte de los, como un servidor, adictos a los intérpretes, llamémosles, peculiares. Arpista californiana, mediada la veintena, uno podría imaginar una Loreena McKennit rejuvenecida. Pero no. Lo que hace la Newsom nada tiene que ver con rescatar clásicos de la música medieval, árabe o bizantina, y fusionarlos con electrónica pop en la línea popularizada, sobretodo, por los británicos Dead Can Dance.

Newsom se asemeja, máxime en su último trabajo, el triple LP “Have One On Me”, a las cantantes folk de nuevo cuño, que se hacen acompañar de una pequeña orquesta (para el caso, dos violines, un trombón, una batería y las guitarras, mandolinas y demás, del multiinstrumentista y arreglista del disco Ryan Francesconi), para interpretar temas de una asombrosa madurez, alejados (aunque no sólo por eso) de los circuitos más multitudinarios del pop.

De Joanna llaman la atención muchas cosas; aunque la más destacada sea, sin duda, su curiosa y extraordinaria voz, a medio camino entre la de una niña y la de una anciana. Registro peculiar que también ha dado notoriedad, verbum gratia, a Bianca Casady, cincuenta por ciento de CocoRosie (grupo con el que Joanna Newsom comparte no pocas similitudes).

El lugar para el concierto de esta noche no puede estar mejor elegido: el Teatro Lara de Madrid, del que ya he hablado en artículos anteriores, es un recinto que se amolda perfectamente a lo que se avecina. Desde luego, mucho más propio (he imponente) que la Sala Galileo, que acogió su última actuación hasta la fecha en nuestro país. Tanto es así que, meses antes del concierto, una de las amigas que me acompañaba esta noche rezaba para que se celebrase aquí. El recinto es de una elegancia, sobriedad y clasicismo que una jovencísima Joanna, enfundada en un escuetísimo traje rosa (que en otras circunstancias habría parecido más propio de Cindy Lauper vestida por Agatha Ruíz de la Prada, pero que a ella le queda de infarto) se ocupa de romper. Flanqueada por su miniorquesta, y sepultada (o casi) por su voluminosa arpa, uno tras otro comienzan a sonar los temas de un disco que, a pesar de levantar pasiones entre muchos de sus seguidores, a mí me resulta un tanto más apagado y falto de personalidad que sus  anteriores trabajos.

Alternando el arpa y el piano, y tras un comienzo un tanto renqueante y anodino, temas como “Easy”, “Soft As Chalk”, o “You And Me, Bess” fueron llenando la sala de un aire extraño, que yo describiría como Tom Waits cantando a lo Nina Simone (!!!). Temas de larga duración, sin excesivas variaciones en ritmo y melodía que, por momentos, recordaban (y mucho) a los grandes crooners de hace unos años. Dicho con respeto y admiración. Pero quizá porque yo esperaba más de sus anteriores y espléndidos discos, de los que sólo recuperó “Bridges And Balloons”, “Monkey And Bear”, “Clam Crab Cockle Cowrie” y poco más. Con diferencia, lo mejor de la noche. Me quedé con las ganas de “Sprout And The Bean” o “Peach, Plum, Pear”.

Joanna Newsom (Teatro Lara, 27-01-2011)

“Have One On Me” es un disco extenso (y, siendo sinceros, un tanto monocromático), y en esta ocasión es lo que tocaba presentar. A destacar el impresionante solo de trombón al final de “Good Intentions, Paving Company”, que arrancó una clamorosa ovación por parte del público en el tramo final de un concierto que dejó, aparte de un par de anécdotas graciosas (como la extravagante ronda de preguntas al batería, Neal Morgan, mientras Joanna afinaba su arpa) y otras, para mi gusto, no tanto (como el impaciente que gritó “¡vamos!” durante la introducción de Joanna a uno a los temas, lo que ésta, extrañada, pidió que le tradujeran), la sensación de estar ante una artista con mayúsculas, en un momento de madurez profesional y creativa, pero sin la frescura y alegría que la caracterizaban hace un tiempo.

Una interpretación brillante (y por momentos, vibrante), pero excesivamente sobria. Mis acompañantes, al igual que el resto de los presentes, disfrutaron como enanos de una magnífica actuación, perfecta en el plano interpretativo (destacar aquí el virtuosismo del acompañamiento; en particular, del citado Morgan a la batería), y con un repertorio elegante y notable; con una Joanna en plenitud de facultades; pero en la que, y como suelo comentar en muchos de mis artículos, yo eché en falta un poco más de alma. O quizá es que yo esperaba a la Joanna de hace un par de años, pero ha madurado demasiado para mí. ¡Yyy! ¡Qué mal suena eso!

P.D.: sí, Miss Braun. Era la que hacía de la madre en el vídeo de “Kids”, de “MGMT”. ¡Aún no me creo que no te vinieses!

Joanna Newsom

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