Hola A Todo El Mundo (HATEM) – Tulsa

Concierto celebrado en la sala Rock Kitchen de Madrid, el viernes 28 de enero de 2011.

“¡Anda, saca el peyote!”. Esta es la particular y, por delirante que pueda parecer, acertada (en ese momento) frase que le escuché al, por otro lado increíblemente plasta, tipo que tenía a mi lado, durante un momento de la noche. No deja de asombrarme la gente que paga la entrada de un concierto para ir a escuchar a un grupo que no le gusta. Porque, desde luego, este buen hombre no tenía pinta, ni de haber ido a ver a Tulsa ni, desde luego, a Hola A Todo El Mundo.

Y es que es una combinación, como mínimo, exótica, la que esta noche se da cita en la Sala Rock Kitchen de Madrid que, a mí, siendo sincero, siempre me ha parecido que tiene cierto aire de sala de bodas, bautizos y comuniones; como de baile de salón; pero que tampoco es mal sitio: la acústica es buena, la visibilidad también (sobretodo para un local de esas dimensiones)… y más me vale acostumbrarme, porque va a acoger un buen puñado de los conciertos a los que voy a asistir próximamente.

El de hoy nos trae de nuevo a Miren Iza y sus muchachos, esta vez (casi) al completo, a diferencia del formato reducido de hace un mes, en su concierto en “El Búho Real” (en aquel estuvo acompañada exclusivamente por Charlie Bautista). Además, anuncia que probablemente sea el último concierto en el que la acompañe su fiel Alfredo Niharra. De Tulsa ya he escrito varias crónicas en los últimos dos meses; así que, si me lo permiten (disculpándome de antemano y remitiendo a los interesados a aquellos artículos), lo comentaré muy someramente y pasaré a centrarme en HATEM.

Tulsa (Sala Rock Kitchen, 28-01-2011)

Como siempre, Miren es algo excepcional: pone tanto énfasis en unas canciones que transmiten tristeza, angustia, remordimiento… que terminas con mal cuerpo. Emociona y sobrecoge, hasta el punto que te reconforta ver que es capaz de estar contenta, reír y hacer bromas (incluso trabándose, y ya viene siendo una costumbre, al introducir el tema dramático que inspira la canción). Porque quien escuche “Araña”, “Matxitxako”, “Te Ofrecí” o “Algo Ha Cambiado Para Siempre” se pensará: “¿pero que le ha pasado a esta mujer? Por Dios: que alguien la ayude”. Impresiona. Aunque sea taloneando (!) en un breve concierto, de unos cuarenta y cinco minutos, a los mucho más excéntricos y coloristas Hola A Todo El Mundo.

Y volvemos a lo del peyote. Cuando entré en la sala y me dirigí hacia el escenario, me crucé con varios de los integrantes de la banda, que estaban sentados en un sofá junto al puesto de recuerdos. El intercambio de miradas y gestos de cabeza fue algo así como “sí: os he reconocido” ¡Cómo para no hacerlo! Ver por primera vez a Hola A Todo El Mundo es preguntarse quién ha fumado más: si tú o ellos. Desde luego, su aspecto, a medio camino entre la “new age” setentera y el “moderneo” contemporáneo, llama poderosamente la atención. Un escenario cubierto de flores y guirnaldas, con una tenue iluminación, no varía mucho la impresión original. Y su música, a medio camino entre el folk de otra época y “Architecture in Helsinki”, termina por confirmar que estamos ante una de las formaciones más particulares del panorama actual.

HATEM (Sala Rock Kitchen, 28-01-2011)

"Ari" (J. Arjonilla)

Estos madrileños de aspecto hippie se han convertido en una de las revelaciones musicales de los dos últimos años. Ya antes de la publicación de su homónimo álbum a principios de 2010, el grupo se había labrado una merecida reputación en conciertos y festivales por toda la geografía española. Su estilo: mezcla de folk remozado y cubierto de arreglos orquestales, donde los violines o acordeones añaden intensidad (y exotismo) a unas guitarras y percusiones que aportan contundencia y cohesión a unos ritmos variables (¡y cómo!), melodías juguetonas y una sonoridad muy particular, que lo mismo tira de silvatos que de xilófonos, que de los instrumentos más insólitos para generar percusiones (inolvidable el gesto de Charlie Bautista cuando, al salir a tocar conjuntamente con Tulsa “A Movement Between These Two”, “Ari” Arjonilla le entregó una maraca y una especie de carraca desplegable).

Solventes, pero sin llegar a impresionar, supieron conectar con el público desde el primer momento. Ello, gracias a que, a pesar de que abundan en su disco los temas con largos desarrollos instrumentales (quizá, a veces, un tanto engolados), el grupo gana en intensidad (y carisma) en los temas breves y pegadizos.

Y, para finalizar, apoteósica y masificada interpretación conjunta de “A Movement Between These Two”, extenso single que supone a la vez la cumbre del disco y el mejor exponente del estilo musical de estos “neo-hippies” (por otro lado, empresarialmente muy emprendedores, y con un inteligente control comercial sobre todo lo que les rodea), para una actuación-fin de fiesta, que dejó a lo asistentes, ya fueran llevados allí por la melancolía de Tulsa; ya fuera por la alegría desbordante de HATEM; o ya fuera por lo que quiera que llevase al pelma que tenía a mi lado… ¿contentos? Más bien satisfechos. ¡Pero muy satisfechos!

Tulsa

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