Godspeed You! Black Emperor

Concierto celebrado en La Riviera, el domingo 30 de enero de 2011.

Gospeed You! Black Emperor

Últimamente me ha entrado la manía de pensar durante los conciertos cómo voy a empezar luego mi crítica (perdón: crónica). Es lo malo que tiene esto. Anoche, y tras escuchar los primeros veinte minutos (así, para ir abriendo boca) de uno de mis grupos de cabecera, los canadienses Godspeed You! Black Emperor, la frase estaba clara: “¡grande, grande, grande!” Una pena que a lo largo de las casi dos horas y media de concierto, esa sensación se diluyese un poco; aunque, eso sí, sin llegar a desaparecer.

GY!BE no es un grupo de culto: es un grupo de devoción. Lo que sus seguidores profesan por ellos va más allá de lo estrictamente musical: se han convertido en todo un credo cultural. Y yo me incluyo entre sus muchos fieles. Su forma de entender, no ya sólo la música (ese rock progresivo que han logrado sacar del gheto de los nostálgicos y llevar a sus más altas cotas), sino la propia relación con la industria y el público; su marcado componente político, de cariz más crítico que militante; el carácter mutante y antiestrellato de la banda… Pero todo ello no supondría nada sin unos temas apabullantes, rock sinfónico de largas progresiones instrumentales, que se desarrolla en medio de una atmósfera inquietante, para estallar en grandes clímax de corte apocalíptico.

Pero empecemos por el principio. Como casi todo el mundo, descubrí a GY!BE con la banda sonora de “28 Días Después” (el pasaje de “East Hastings” que prácticamente abre la película, tiene tal fuerza, que condicionó toda la partitura de John Murphy para el film). Después, cuatro discos y un directo y la entrada en “stand-by” de la formación, mientras tres de sus componentes, entre ellos, su cabeza destacada, Efrim Menuck, se centraban en su nuevo grupo, “A Silver Mt. Zion”, y otros miembros de la formación se concentraban en proyectos paralelos, como los muy recomendables “Fly Pan Am”. Y, así las cosas, el pasado año reaparecen los Godspeed bajo su antigua denominación, para satisfacción de muchos seguidores (a pesar de que yo soy de la opinión que “ASMZ”, a pesar de variar su formación, era la continuación de Godspeed You! Black Emperor bajo otro nombre).

Y en estas, su gira europea incluye España y, a su paso por Madrid, recala en la sala que mejor podría haberles acogido: la Joy Eslava. Pero no: el aforo de ésta es demasiado reducido para la demanda de entradas, y se opta por trasladar el concierto a La Riviera. ¡Y he aquí el gran fallo de la noche! Si bien se gana en capacidad, se pierde en ambiente, en proximidad (algo que, a lo largo de la noche, se hará bastante palpable), en calidad de sonido (a pesar de que la sala sonase extrañamente mejor de lo que nos tiene acostumbrados)… En todo.

Tras la genial y sorprendente actuación del saxofonista Colin Stetson, con sus instrumentos de viento modificados para sonar como cualquier cosa, menos lo que uno esperaría de ellos, aparecieron en escena, enrocados sobre sí mismos, la decena larga de miembros de GY!BE. Dispuestos en círculo entre los amplificadores, con los dos percusionistas detrás, las guitarras (que habrían de llevar el peso del concierto), los dos bajos, una violinista, un teclista y un violonchelo ocasional, en una formación de pequeña orquesta, que han copiado para su puesta en escena otros grupos, como los barceloneses Standstill (ver artículo sobre su concierto en el Teatro Circo Price). El grupo ni mira al público ni se dirige a él en ningún momento. Viven en su mundo, concentrados en su música. Para el respetable, unas proyecciones, que otro miembro del grupo se ocupa de realizar, apostado tras dos grandes proyectores de cine junto a la palmera central. Imágenes a dos pantallas, de entornos urbanos degradados; fábricas, siderurgias y centrales eléctricas; incendios, letreros, cataratas… Celuloide que se quema delante de la linterna del proyector… Imágenes que contribuyen a reforzar el carácter angustioso y semiapocalíptico de su música.

En el apartado musical, largos temas, de diez minutos el más breve y veinte minutos de media, con geniales desarrollos orquestales, creando una atmósfera opresiva y angustiosa. Tensión minimalista llevada por las guitarras, que va creciendo y sumando: sumando instrumentos, sumando velocidad, sumando volumen, sumando percusiones… Para culminar en arrebatos sonoros extenuantes. Sólo el violín de Sophie Trudeau, con un sonido triste y lánguido, pero emotivo, contribuye a rebajar la tensión y añadir lirismo a las guitarras de Efrim Menuck y David Bryant.

El grueso del repertorio lo componen los temas de “Lift Your Skinny Fists Like Antennas to Heaven”, probablemente su disco más logrado (su siguiente trabajo, “Yanki U.X.O.” rebajaría un tanto el nivel conseguido en sus discos anteriores) y algún pasaje de “F#A# Infinity” (desgraciadamente, nada de “The Dead Flag Blues”).

Y he aquí el problema: semejante sucesión de crescendos agota al más pintado. Y más aún si se escucha de pie, en un local de difícil visibilidad y que no transmite ninguna calidez o cercanía con el grupo. Tal es el caso de La Riviera. Algo parecido a lo que ya ocurriera hace dos años, en el último concierto de Sigur Rós, o a lo que ocurre todos los años un par de veces en los de Yann Tiersen. Si bien el sonido, como temían algunos, no fue ningún problema (la sala estuvo asombrosamente a la altura de las exigencias, aunque a gran distancia de otros locales), el ambiente terminaba fatigando al más pintado. Lo inadecuado de la sala para un concierto de estas características se dejó notar en varios de los espectadores, que decidieron dedicarse a otras labores (léase, distracciones) durante el último tercio del concierto. Y, desde luego, hizo mella en todo el público.

Si bien el sonido del grupo fue impecable y de un asombroso virtuosismo, la selección de los temas no fue la más acertada: llegó un punto en que, habida cuenta de los nuevos arreglos, costaba distinguirlos; por no mencionar que semejante sucesión de momentos tensos agota a cualquiera. Quizá habría sido mejor, habida cuenta de las circunstancias, variar la selección y dejar este setlist para una actuación en un teatro.

En resumen: siendo como era uno de los conciertos más esperados en mucho tiempo (sobre todo para un servidor), la impresión final fue un tanto anodina. Pero siendo conscientes de que no se debió tanto a la actuación del grupo o a su puesta en escena, como lo inadecuado del recinto. Un pequeño chasco que para nada resta mérito a la que es una de las bandas más notables (por no definirla como imprescindible) que ha dado la música reciente.

Gospeed You! Black Emperor

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